El profesor que plantaba números y enseñaba matemáticas con pimientos

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Plantando Números. Cómo aprender matemáticas con un huerto. 

Un proyecto para aprender matemáticas en un huerto con alumnos complicados logra mejorar un 30% los resultados académicos y acabar con la conflictividad y el absentismo

“A este tipo de chicos lo único que les devolvemos son números: ‘Toma un cuatro y medio’, pero no la confianza en sí mismos”

 

Imaginen a un profesor de Matemáticas que empieza a dar clases en un instituto de pueblo a una quincena de chavales a los que nadie quiere y en los que nadie confía; que en ese furgón de cola viajan chicos con problemas de conducta, alguno con trastorno disruptivo, alguna con enfermedad nerviosa, jóvenes que arrastran varios cursos repetidos, se fuman todas las clases, hace tiempo que tiraron la toalla y, por cierto, jamás aprobaron las matemáticas.

Imaginen que ese profesor decide probar con un método pedagógico nuevo, a modo de desfibrilador, porque o interviene ya mismo o el paciente se le queda tieso.

Plantan berenjenas, pimientos, calabacines y pepinos. Van tomando datos del crecimiento de las plantas, del grosor, de la temperatura, del agua utilizada… De tal modo que a medida que engorda la cosecha van aprendiendo geometría, estadística y las funciones.

Los chicos de la ESO que nadie quería logran aumentar las notas un 30% y todos mejoran su autoestima, el 80% sigue estudiando hoy y varios han empezado a trabajar.

«En aquella clase era como si estuviésemos en un pozo y él te echara una cuerda», cuenta María Ángeles Romero, ex-alumna, 19 años y auxiliar de enfermería. «La cuerda se rompía y él te la volvía a echar. Se volvía a romper y él volvía a hacer lo mismo. Lloviera o nevara, él estaba allí para echarte la cuerda… Al final sabías que, aunque te desollaras la manos, él te iba a sacar».

El profesor sólo es natural de Murcia. El pueblo se llama Las Torres de Cotillas. El instituto es el Salvador Sandoval. Pedro Peinado, dice: «Cuando abres una puerta, se te abren mil caminos… Innovar no sólo es integrar metodología; también es integrar personas».

Logaritmos y terremotos

La experiencia educativa no sólo ha servido para forjar ligazones inesperadas, sino que también ha despertado el interés del mundo académico más allá de Murcia.

El proyecto Plantando Números -así fue bautizado- acaba de recibir uno de los Premios Francisco Giner de los Ríos a la Mejora de la Calidad Educativa, concedidos por el Ministerio de Educación y la Fundación BBVA. Con la lupa puesta en este profe que antes fue alumno frustrado, estudió dos cursos de Exactas, se pasó a Económicas, fue padre de un hijo, aprobó las oposiciones a docente en 2010, llegó al instituto con su huerto y las matemáticas, explica los logaritmos a través de los terremotos y hoy prepara una tesis doctoral sobre chicos con dificultades de aprendizaje.

«De niño era un alumno frustrado, me ponía nervioso que la clase sólo consistiera en hablar y hablar, yo necesitaba acción. Por eso abogo por el método de clase invertida, que consiste en que tú les grabas la clase, ellos la ven en casa y el aula sólo se utiliza para resolver dudas y hacer ejercicios juntos», señala. «Plantando Números nace en 2014 como una alternativa a la pizarra para unos alumnos a los que la pizarra no les daba soluciones. Se trata de utilizar el huerto como fuente de datos y escenario de aprendizaje de las matemáticas. Un par de días recogíamos datos de las plantas y el resto lo pasábamos frente al ordenador analizando las cifras».

Los chicos que hacían novillos en todas las clases empezaron a no perderse las matemáticas de Pedro.

Los chicos que se aburrían como ostras con la asignatura dejaron de bostezar.

Los chicos abocados a ser arrancados como matas se ponían a sembrar.

Los chicos que «empezaron el curso con miedo», de repente lo perdían.

«Venían del absentismo escolar. Había que arriesgar con ellos. Yo les animaba a equivocarse. Salir a exponer y confundirse sin miedo. Cuando empezaron a equivocarse, empezaron a aprender… Yo les hablaba de la indefensión aprendida: cuando a alguien le dices que no puede, al final no puede. Pero cuando le dices que puede, que él sí que puede, acaba pudiendo».

Se comían lo que plantaban. Tomaban el sol. Probaban y calculaban. Y el túnel de lavado del proyecto les cambió. «Recuerdo a una chica que no sabía hacer nada al principio de curso. Con una enfermedad jodida. No se quería nada. No quería hablar en público. Nada. Terminó con nueves y dieces. Yo soy muy cursi, eh, pero me acuerdo de haber llorado el día de la presentación de su trabajo… Con qué dignidad lo defendía».

La geometría del agua

La clase debía ser más horizontal que vertical, había que hacer cosas juntos, mancharse y mojarse. Por ejemplo, para aprender las funciones medían longitudinalmente las plantas. Para aprender geometría, trabajaban con los perímetros del terreno y los volúmenes, el agua y la tierra. Para desbrozar la estadística, valían los datos de la temperatura.

A sus 15 años, Alejandro Arnaldos era el típico gallo de corral. Inmaduro, chuleta, contestón, hasta que llegaron a aquella clase y el profesor les dijo: «Nos vamos fuera».

«En otras asignaturas era entrar y copiar, estudiar y examinarte; entrar y copiar, estudiar y examinarte… Así siempre», cuenta Alejandro. «Perdí el entusiasmo por aprender. Como yo, llegamos todos muy perdidos… Pero poco a poco vimos que aquello era distinto. Te levantaba la moral. Fue un espectáculo. Hay profesores que te cambian la vida, lo creo desde que entré en su clase… Ahora acabo de terminar un grado medio de Soldadura y Calderería. Mi madre me lo dice siempre: ‘Gracias a ese profesor, estás donde estás ahora mismo’. Y es verdad, ¿dónde iba a estar yo si no…?».

Sonia Casanova nunca lo tuvo fácil y vive con sus abuelos desde pequeña. Todo le daba lo mismo. La clásica malota del insti. Las primeras semanas fueron tan enconadas que tuvo que acabar pidiéndole perdón a Pedro varias veces.

«Para empezar, creía en nosotros más que nosotros mismos. A mí me llamó mucho la atención que estuviera encima mío…», señala Sonia. «De su clase de Matemáticas en el huerto salías queriéndote más, pensando que no eras lo peor… Si no es por él, yo no hubiese seguido estudiando. ¡Por fin entendí las ecuaciones! ¡Y hasta se las explicaba a los demás!».

Ahora acaba de terminar sus estudios relacionados con la enfermería, trabaja de dependienta en una tienda de ropa, va a la biblioteca con sus libros y quiere hacer un grado superior de prótesis dental en septiembre.

Y luego están los que se han puesto a estudiar un ciclo formativo de Formación Profesional de técnico agrícola o de Administración y Finanzas; o los que hacen un ciclo superior de Educación Física o de Auxiliar clínica; o los que han empezado a trabajar o están a punto de hacerlo.

Si las cosas fuesen como dice la lógica, aquí debería ir un Continuará. Pero va un The End.

Esta película acabó bien y acabó mal. Bien porque los chicos de aquellos tres cursos inolvidables siguen quedando con su profesor, intercambian mensajes, están pendientes los unos de los otros, se emocionan cuando se ven, se dan las gracias mutuamente. Y mal porque el pasado mes de diciembre, el proyecto, tal y como fue concebido, cerró.

Han sido tres cursos, en torno a 60 alumnos, muchas risas y muchas broncas, muchas equivocaciones pero más aciertos. Una película que dan ganas de rebobinar.

Cuando Adela Martínez-Cachá, consejera de Educación del Gobierno de Murcia, se enteró de la historia del profesor premiado a nivel nacional, quiso conocerle. Quedaron. Ella le dio la enhorabuena. Se pusieron a hablar. Pedro Peinado no sólo le habló de Plantando Números. Sino que también lo hizo de cómo cambiaría la educación, de la «indefensión aprendida», del método de la «clase invertida», de que aquel huerto fue más que un huerto.

«Tú te tienes que venir conmigo», le dijo la consejera. Desde enero es su asesor técnico docente.

Entramos en el dichoso huerto. Hay unas habas con una pinta estupenda. Algunos semilleros. Brotes verdes. Sacos de mantillo. Viejas etiquetas con nombres de alumnos. Ni rastro de las matemáticas ni del desfibrilador.

Hablando de notas, de evaluaciones y de finales, contesta Pedro.

«A este tipo de chicos y chicas lo único que les devolvemos son números: ‘Toma un dos’, ‘Toma un cuatro y medio’… Pero no la confianza en sí mismos».

 

Vía y video en: http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/04/07/5ac4f8adca4741333a8b4601.html

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El muñeco de nieve como recurso para reconocer los números

Hoy nos acompaña el típico muñeco de nieve y lo vamos a decorar con botones. La propuesta la encontré en la página www.cbc.ca, las fotografías son todas de allí. Además de ser una propuesta muy simpática es extremadamente sencilla ya que los materiales los podemos tener en casa (o en la escuela) y en diez minutos tener la actividad preparada.

Como es muy fácil de hacer, los niños nos pueden ayudar o mejor dicho pueden hacer su muñeco de nieve como prefieran y les proporcionaremos diez sombreros para que escriban los números del 0 al 9 o menos si son niños pequeños.

Necesitaremos:

  • Cartulina blanca para el muñeco
  • Cartulinas o folios de diferentes colores para los sombreros
  • Rotuladores para escribir los números y hacer el muñeco de nieve
  • Botones de colores para colocar en el muñeco de nieve.
  • Un pequeño bol para los botones
  • Una bandeja para trabajar

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Cómo jugar

Recortaremos la cartulina blanca con forma de muñeco de nieve e invitaremos a los niños a que le hagan una carita. Ahora recortaremos las cartulinas con forma de sombrero y escribiremos los números que queramos trabajar.

Después de haber escrito los números y haberle dibujado la cara al muñeco, llega el turno de vestirle. Se coloca el sombrero y tantos botones como indica el número.

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Una vez han vestido al muñeco, lo desvisten y eligen otro sombrero y vuelven a colocar tantos botones como el número que indica.

Es una actividad que trabaja la motricidad fina y el reconocimiento de las grafías de los primeros números junto con la asociación de sus respectivas cantidades.

Vía: http://aprendiendomatematicas.com/muneco-de-nieve-y-numeros/

Recopilatorio: Problemas para 3º de Primaria Interactivos ideales para PDI y PDF

Trabajo realizado por Nacho Verdejo García autor de los problemas y Rafael González Moreno C.E.I.P. “Ntra. Sra. de Loreto” – Dos Torres (Córdoba) que ha dado interactividad a estas actividades para ser realizadas tanto en papel (pues se dan en formato PDF), como a través de cualquier dispositivo interactivo.

Los juegos y ejercicios de matemáticas de 3º de primaria son un adecuado material pedagógico para que los niños y niñas de entre ocho y nueve años logren ser capaces de enfrentarse de manera satisfactoria con problemas relacionados con el entorno, identificando la incógnita y los datos disponibles, para la posterior planificando y resolución. Además, los juegos y problemas de matemáticas de 3º de primaria permiten mejorar la memoria y la atención a través de las fases de ejecución y verificación. La realización de estos juegos incide significativamente en la alfabetización numérica y, por lo tanto, en la forma en que se relacionan con sus iguales y la sociedad.

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Antes de empezar puedes repasar este Programa de Autoinstrucciones para la resolución de problemas

EJEMPLO DE LOS PROBLEMAS Primaria 3º

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Descargar: Colección-de-problemas-3º-primaria

EJEMPLO DE LOS PROBLEMAS

Primaria 3º INTERACTIVOS

 COLECCIÓN DE PROBLEMAS 3º PRIMARIA

Otro enlace de interés: Taller de Problemas de matematicas para Primaria

Vía: http://www.orientacionandujar.es/2015/06/20/recopilatorio-de-problemas-para-3o-de-primaria-interactivos-ideales-para-pdi-y-en-pdf-repasamos-en-verano/