Javier, el Erasmus sordociego que aprendió inglés en 56 horas

 

  • Javier, de 25 años, pasó de no salir de casa y dejar los estudios hace 10 años a vivir hoy en Londres
  • “Hace un año no sabía pronunciar ‘I’m fine’ (Estoy bien)”, explica

CLAVES
-SU VIAJE: el 1 de septiembre llegó a Londres para estudiar tres meses en la Regent’s University London.
-SU CARRERA: Estudiante de sobresaliente de la Autónoma de Madrid, cursa un grado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas.
-SU MÉRITO: al quedarse sordociego dejó el colegio. Dos años después, gracias a la ONCE, retomó sus estudios…


El extraterrestre Gurb sobrevive en Barcelona gracias a su habilidad para adoptar el aspecto que le plazca. Javier, de 25 años, no tiene superpoderes como el protagonista de su libro favorito. Pero pasó de no salir de casa y dejar los estudios hace 10 años a vivir hoy a 1.265 kilómetros de casa. La distancia que hay entre Madrid y Londres. Allí cursará parte del sexto año de su doble carrera en Derecho y Administración y Dirección de Empresas. El joven español es el primer Erasmus sordociego deEuropa. Único en su clase. Como el peculiar alienígena de la novela de Eduardo Mendoza.

Pero el viaje de Javier García Pajares empieza mucho antes. Lejos del aeropuerto de Barajas, en Plasencia [Extremadura]. A los 14 años pierde la audición. A los 15 deja de ver. Desde entonces su vida ha sido una carrera de obstáculos. Responder a la docena de preguntas que le envía Crónica le toma no menos de cinco horas. Sólo después de que una línea Braille conectada a su computador convierte el texto en lenguaje que puede leer con sus manos, es capaz de teclear sus respuestas. Para comunicarse, además del Braille, aprendió el alfabeto dactilológico en palma y mecanografía. Su refugio en la capital británica es una habitación -chimenea incluida y adaptado a sus necesidades- en la residencia de la Regent’s University London (RUL). Una universidad ubicada en el icónico parque con el que comparte el nombre. Cuenta Javier que “le basta abrir la ventana para sentir los arbustos del jardín con sus manos”.

Desde que llegó el jueves 1 de septiembre ha paseado por los alrededores del parque y del campus. Ha memorizado el camino al supermercado más cercano y al gimnasio. En sus andares por las calles londinenses ha saboreado ya el tradicional fish and chips. Y lo que le queda todavía por descubrir: el London Eye, el Big Ben, el Palacio de Buckingham…

Acompañando sus pasos está Teresa. Ella es su lazarillo. Sus ojos y oídos en los tres meses y medio que dura su Erasmus. “Lo que más me ha llamado la atención son los autobuses rojos de dos pisos”, confiesa Javier. Y es que su ceguera no es total. Tiene todavía restos visuales en la zona periférica de los ojos, que le permiten ver pero borroso. Por eso también ha notado que hay un lago con patos a escasos metros de su hogar londinense y ha captado de reojo alguna escurridiza ardilla durante sus paseos. “Es genial vivir en Londres rodeado de vegetación y animales”, asegura.

A los tres días de su llegada a la capital británica se aventuró y decidió interactuar solo -sin su lazarillo- en la residencia. Relata Javier que cuando quería comunicarse con alguien [que no sabía el sistema dactilológico], le pedía que escribiese en letras mayúsculas con su dedo índice sobre la palma de su mano. Por ejemplo: H-E-L-L-O. Letra por letra conseguía recibir los mensajes y los contestaba oralmente. Ser sordociego complica el proceso para aplicar al Erasmus. Pero el “cabezón” Javier, como lo describe Lorena Gonzalo sus ojos y oídos en Madrid, es de los que “se empeña en algo y no lo suelta hasta que lo consigue”.

Encontró la universidad adecuada -descartando unas en Italia, Suecia y Austria- y consiguió el financiamiento. Lo siguiente fue aprender inglés sin escuchar. Lo hizo en apenas 56 horas de clase. Así alcanzó el nivel B2 europeo [intermedio alto]. La profesora que le ayudó le enseñó sobre todo pronunciación, porque para él era muy importante poder hablar en inglés y que se le entendiera. “El Erasmus no es sólo estudiar, es convivir con personas de otras culturas y para eso es importante que pueda comunicarme”, expresa el joven español.

Javier ha tenido también días grises. Cuando apenas aparecían los síntomas de su enfermedad no diagnosticada. Los resultados de las audiometrías eran normales y los médicos pensaban que eran problemas de atención. Su sordera no tenía relación con el volumen: “Había dejado de entender el significado de los sonidos”. Así en casa se convirtió en el “chico distraído” y en clase en el “chico marginado”. Dice el joven que en el instituto sufrió acoso por parte de sus compañeros y profesores. Se aisló. Dedicaba sus horas al ordenador o la PlayStation.

Con la ceguera sus problemas se agravaron y durante dos años no asistió a clases. Todo cambió cuando se afilió a la Fundación ONCE. Terminó el bachillerato en Madrid, es un estudiante de sobresaliente en la Autónoma de Madrid… La fundación también le financió el viaje a Londres. Esta semana ya ha cosechado su primer logro. En una salida para tomarse algo con un viejo amigo pudo charlar con dos eslovacos. Los extranjeros se asombraron de su inglés oral. Le entendían perfectamente. “Recordar que hace un año no sabía pronunciar “I’m fine” (Estoy bien) me hace reír ahora”, expresa Javier. Y sin los poderes de Gurb.

GABRIELA BALAREZO

Vía: http://www.elmundo.es/cronica/2016/09/14/57d31315ca47418a148b4630.html

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