Cómo es la otra vuelta al cole, la de más de 35.000 niños que hay en España en Educación Especial

Asamblea

Un total de 35.181 alumnos de Educación Especial se incorporaron el pasado curso a los 476 centros específicos de educación especial existentes en España, 196 públicos y 280 concertados o privados, un 2,1% del total de niños escolarizados según datos del Ministerio de Educación. Es decir, que hay otra vuelta al cole, una que afecta a miles de familias cuya preocupación en pocos casos son los uniformes escolares, el peso de las mochilas o los libros de texto y de la que apenas se habla, a muchos profesores cuya preparación y objetivos para el nuevo curso también difiere respecto a sus colegas.

¿Cómo es el regreso a la rutina para estos chicos? Teniendo en cuenta los distintos tipos de discapacidad, grados de afectación, modalidades educativas y circunstancias de cada niño y cada familia, se podría decir que hay tantas como alumnos. Aunque algo hay en común en todos los casos: es más compleja y los objetivos son, en todo o en parte, diferentes.

Carlos tiene nueve años y acude a un colegio concertado específico para chavales con autismo en el sur de la Comunidad de Madrid. Se enfrenta a una vuelta al cole que en su entorno creen que está deseando, aunque Carlos no pueda expresárselo verbalmente.”Lo intuimos por su nerviosismo. Una combinación de colegio y casa es a lo que está acostumbrado durante todo el año y lo que facilita el día a día”, explica Pedro, su padre.

Ni él ni sus compañeros tienen que llevar libros de texto, material escolar ni uniforme. ¿Qué tiene que meter en la mochila entonces? “Un baby, un kit de higiene personal con cepillo de dientes y ropa de cambio para trabajar la autonomía, no solo para accidentes. También fotos de sus vacaciones porque él no puede contarlas. Nada más. El material procede de los profesores”, cuenta su padre.

Su prioridad los días previos es prepararle para un cambio en su rutina: “lo más importante es que tenemos que anticipárselo con tiempo, con el pictograma de colegio en su agenda de información semanal”.

Erika tiene diez años, una amplia sonrisa y gran afición por coger todo dispositivo móvil a su alcance. Tiene además una lesión cerebral y acude a un colegio especial público; en su primer día lleva una mochila similar a la de Carlos a la que hay que añadir el informe médico y la medicación.

Míriam, su madre, coincide con Pedro en que lo más importante es “adelantarle todo con fotos, con pictogramas, enseñándole los vídeos del año pasado, diciéndoselo, para que se ponga contenta. También le enseño fotos de los nuevos profesores. Los profesionales como fisioterapeutas  o logopedas en el colegio son externos y algunos cambian. Este año por ejemplo cambia la logopeda, a la que ella tenía mucho cariño, pero no creo que haya problema porque Erika se adapta bien a la gente, pero hay niños que tienen más apegos y es más complicado”.

Podría parecer una vuelta al cole con menos gastos, pero las reivindicaciones de Miriam dejan claro que no es así: “con estos niños todo es un desembolso mayor. En el colegio de mi hijo dicen “vámonos al teatro o a echar una carta”, pero en el de mi hija no lo pueden hacer porque faltan recursos, personal y hace falta transporte adaptado. Otro de los problemas es que en septiembre sale después de comer y eso te parte, no puedes compatibilizarlo con el trabajo. Los niños normales tienen todo tipo de campamentos y actividades extraescolares con muchos precios. Con estos niños, o lo pagas y muy caro o dejas de trabajar o tienes alguien en la familia que te echa una mano. Yo tengo a mi suegra, pero cada vez es más mayor y mi hija más grande. Mi marido siempre dice que son los niños invisibles en el mundo de la escolarización. Y, cuando lo cuentas, todos son súper solidarios y entienden tu situación, pero si tienen mucha prisa y aparcan en el sitio de los discapacitados o unan su baño que es más amplio no pasa nada, que es solo un momentito. Te encuentras con dificultades de todo tipo”.

“Ojalá de lo que tuviéramos que preocuparnos fuera del precio de los libros de texto”, apuntala Pedro.

Niños especiales en colegios ordinarios

Erika y Carlos van a centros especiales, colegios en los que todos los niños tienen discapacidad. Pero hay muchos más alumnos cuyo arranque de curso es diferente integrados en centros de enseñanza ordinarios con modelos inclusivos, difícil saber cuántos porque el Ministerio no tiene datos oficiales a nivel nacional y cada comunidad autónoma es un mundo.

Olivia tiene once años, parálisis cerebral infantil, y acude a un colegio de integración especializado en niños con problemas motóricos. Jorge, su padre, explica que viven con total normalidad la vuelta al cole, de modo muy similar a cualquier otro niño y sin necesidad de anticiparle nada de manera especial: ” Olivia está bastante afectada a nivel motor, pero a nivel cognitivo no”.

Una normalidad que entraña diferencias: en casa de Olivia no tienen que preparar libros de texto, algo que sí le toca hacer a sus compañeros, porque “trabaja con ordenador con temarios adaptados. Su PT le adapta todo curricularmente, porque es verdad que va a un ritmo diferente, el cole se encarga de todo el material escolar”.

Miguel, que tiene seis años y autismo, pasa este año a Primaria en un colegio ordinario en el que recibe los apoyos de su profesora terapeuta (PT) y de sus terapeutas de la asociación Alanda. En su caso, el arranque del curso es similar al de cualquiera de sus compañeros: tiene los mismos libros de texto, el mismo material y se le puede anticipar todo verbalmente sin problemas.

“Otros años nos ha costado más. Cuando empezó no tenía ningún tipo de lenguaje, pero ahora se expresa muy bien. La mejor terapia para Miguel ha sido estar en el colegio como uno más, para Miguel el colegio es un entorno positivo, que le estimula y le gusta”, cuenta Nuño, su padre, que reconoce no obstante que la preparación para llegar a ese primer día es mucho más trabajosa: “que empiece el curso su hermana es algo muy de rutina. Con Miguel es importante saber qué va a pasar en los recreos, como va a estar estructurada la clase incluso físicamente, quien va ser el profesor, los compañeros, tener reuniones previas con el profesor y la PT. Es mucho más laboriosa y tus metas son otras“.

También distinta para los profesores de Educación Especial

También para los profesionales que trabajan con niños como Erika o Carlos la preparación de las clases es muy distinta. Profesores como Luis Pérez de la Maza, director del colegio especial específico para niños con autismo Aucavi sur.

Lo primero que destaca cuando se le pregunta cómo es su vuelta al cole es la necesidad de  realizar “un proceso de evaluación completamente nuevo para ver dónde están cada uno de los chicos, para continuar y crecer desde la evaluación que se hizo el año anterior y, a veces, volver atrás los pasos que haga falta. Lo que nos tiene a los profes más pendientes en estas fechas es ver cuanto de lo trabajado el año anterior que asumíamos que estaba generalizado se ha instaurado y qué afrontaremos. Uno de nuestros mayores retos es que cada niño necesita una atención individualizada“.

Organizar el día a día de los alumnos y preparar el material supone un esfuerzo mayor, “es un momento de máxima exigencia para plastificadoras, impresoras y encuadernadoras. En los pocos días que tenemos sin alumnos, que para nosotros han sido cuatro y un quinto dedicado a una reunión general, entre todos los profes hemos  gastado cinco paquetes enteros de fundas de plastificar”, ejemplifica con sentido del humor para destacar a continuación la ausencia de materiales editados válidos con los que trabajar, “hay cosas, sí, pero tenemos que individualizarlo, cribarlo. No tenemos un método que nos permita que yo coja mi libro, ponga los ejemplos y haga el examen que me indica ese mismo método. Por suerte no todo el mundo en la enseñanza ordinaria lo hace así, pero lo cierto es que nosotros no tenemos esa opción”.

Habla también de una “exigencia muy demandante” hacia los profesores de Educación Especial, no solo en número de horas, también en su formación; en la comunicación con las familias, “en un colegio ordinario no es relevante qué ha pasado en casa, para nosotros es básico”; en la implicación con los alumnos que “es mayor” y no solo por una cuestión numérica: “hay gente en la ordinaria que se implica mucho, pero aquí si no lo haces no tiene sentido tu trabajo. Tienes que manejar muchas variables emocionales. Tenemos un contacto con los chicos a unos niveles de intimidad que son muy diferentes y difíciles”.

“También es bonito y reconfortante cuando se consiguen los resultados que esperabas, aunque muchas veces pasa al revés y te frustras”, reconoce.

Carolina es PT y tutora de un aula para niños con autismo en un colegio ordinario concertado de Majadahonda. Tiene a su cargo cinco niños, uno de primero de Primaria, dos de tercero y dos de quinto.  Su preparación de la vuelta al cole está supeditada a cómo organicen el resto de tutores sus aulas, “tengo que esperar para ver dónde va colocado ese alumno dentro de esos veinticinco, sus horas y asignaturas.  También tengo que hacer material manipulativo, adaptar las fichas que usan y el material que piden, por ejemplo quitándoles el compás que puede ser peligroso. Y les mezclo libros de los cursos, tengo niños de quinto trayendo libros de cuarto de lengua, aunque a lo mejor usan el mismo de matemáticas”.

Carolina explica que además toca crear y revisar los paneles de información y pictogramas y tener reuniones previas al inicio de curso con todos los padres, entregar a las familias fotos de los profesores, una orla con los nombres de todos los compañeros… “Es mucho tiempo dedicado. Mucho esfuerzo.  Sé que soy una privilegiada, que tenemos muchas vacaciones y un buen horario, pero son muchas horas dentro del cole y también muchas horas fuera. Los profesores en general dedicamos mas horas las que se ven, perola dedicación de tiempo es mayor en Especial que en Ordinaria“.

Y cuando arranque el curso le corresponderá cambiar a los niños, llevarles al baño aunque haya una auxiliar en el colegio o dar apoyo en comedor aunque no le correspondería:“nuestra mayor dificultad es que dedicamos casi toda la jornada laboral a estar con los alumnos”.

Sara es profesora terapeuta en un colegio público y está deseando empezar las clases, “me encanta. Ellos necesitan rutinas y yo también”,explica. Ella, otra PT y una profesora de audición y lenguaje (AyL), tienen treinta y cuatro niños con necesidades especiales a los que atender. Tal vez acaben siendo treinta y seis, nueve de ellos nuevos. Niños de todas las edades entre los tres y los doce años y con todo tipo de diagnósticos: autismo, síndromes genéticos raros, con defectos auditivos, con déficit de atención e hiperactividad…

Para ella preparar el curso consiste en elaborar materiales individualizados, sobre todo de lectoescritura, “todo lo hacemos más visual y más lúdico. Con frecuencia me invento la forma de hacer las cosas”. También ella reinvidica la necesidad de disponer más tiempo para todos ellos: “no das abasto. Se necesitan más personas, más manos. Las ratios están ahí, pero para atenderles bien no son viables”.

 

Vía: http://m.20minutos.es/noticia/2830772/0/otra-vuelta-cole-educacion-especial/

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