El autismo podría no ser sólo un trastorno del cerebro

Los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de complejos fallos del desarrollo cerebral. Estos se caracterizan por dificultades en la comunicación y la interacción social y por un repertorio de intereses y actividades restringido y repetitivo.

El autismo podría no ser sólo un trastorno del cerebro

 Los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de complejos trastornos del desarrollo cerebral. Estos trastornos se caracterizan por dificultades en la comunicación y la interacción social y por un repertorio de intereses y actividades restringido y repetitivo.

La evidencia científica disponible parece indicar que existen diversos factores para su desarrrollo, tanto genéticos como ambientales, que contribuyen a la aparición de trastornos del espectro autista. Generalmente, se cree que el autismo es provocado por un déficit en las primeras fases de desarrollo del cerebro.

Sin embargo, un estudio en ratones, publicado este miércoles en ‘Cell’, sugiere que eso podría no ser así, y que al menos algunos aspectos de este trastorno –como el modo en el que se percibe el tacto, la ansiedad y anomalías sociales– están vinculados con defectos en otra zona del sistema nervioso, los nervios periféricos presentes en las extremidades, los dedos y otras partes del cuerpo que comunican la información sensorial al cerebro.

“Una de las hipótesis ha sido que el TEA es una patología sólo del cerebro, pero hemos encontrado que puede no siempre ser así –dice el autor principal, David Ginty, profesor de Neurobiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y el Instituto Médico Howard Hughes, en Estados Unidos–. Los avances en la genética del ratón han hecho posible que estudiemos genes relacionados con TEA alterándolos sólo en ciertos tipos de células nerviosas y estudiando los efectos”.

En el nuevo trabajo, los investigadores examinaron los efectos de las mutaciones de genes que se sabe que están asociados con TEA en los seres humanos. En particular, se centraron en MeCP2, que causa el síndrome de Rett, un trastorno que se asocia a menudo con TEA y GABRB3, que también está implicado en el TEA. Además, se miraron otros dos genes relacionados con comportamientos similares al TEA, un trastorno caracterizado por alteraciones en las interacciones sociales y conductas repetitivas, a menudo acompañadas por reacciones anormales a los estímulos sensoriales.

“A pesar de que sabemos acerca de varios genes asociados con TEA, ha sido un desafío y un objetivo principal determinar en qué parte del sistema nervioso se producen los problemas”, dice Ginty

Estos genes se cree que son esenciales para la función normal de las células nerviosas y estudios anteriores han relacionado estas mutaciones a problemas con la función sináptica, es decir, cómo las neuronas se comunican entre sí. “A pesar de que sabemos acerca de varios genes asociados con TEA, ha sido un desafío y un objetivo principal determinar en qué parte del sistema nervioso se producen los problemas”, dice Ginty.

“Mediante el diseño de ratones para tener estas mutaciones sólo en sus neuronas sensoriales periféricas, que detectan leves estímulos táctiles sobre la piel, hemos demostrado que las mutaciones son necesarias y suficientes para la creación de ratones con una hipersensibilidad anormal al tacto”, añade este investigador.

Los científicos midieron cómo los ratones reaccionaron a estímulos del tacto, como un soplo suave de aire en la espalda, y probaron si podían discriminar entre objetos con diferentes texturas. Los roedores con mutaciones genéticas vinculadas a TEA sólo en sus neuronas sensoriales mostraron niveles elevados de sensibilidad por estímulos del tacto y no fueron capaces de discriminar entre texturas.

Hallan alteraciones en la percepción táctil

La transmisión de los impulsos neuronales entre las neuronas sensibles al tacto en la piel y las neuronas de la médula espinal que transmiten señales táctiles al cerebro también fue anormal en estos animales. En conjunto, estos resultados muestran que los ratones con mutaciones de genes asociadas a TEA tienen déficits en la percepción táctil.

Entonces, los investigadores examinaron la ansiedad y las interacciones sociales en los ratones usando pruebas establecidas en busca de cuánto evitaron los ratones estar a la intemperie y cuánto interactuaron con roedores que nunca habían visto antes. Sorprendentemente, los animales con mutaciones genéticas TEA solamente en las neuronas sensoriales periféricas mostraron una mayor ansiedad e interactuaron menos con otros ratones.

“Es un tema de debate cómo de cercanos son estos comportamientos a la ansiedad que se ve en los TEA en los seres humanos –reconoce Ginty–. Pero en nuestro campo, son medidas bien establecidas de lo que consideramos como comportamiento similar a la ansiedad y déficit de interacción social”.

“En base a nuestros resultados, creemos que estos ratones con mutaciones genéticas asociadas con TEA tienen un defecto importante en el ‘control del volumen’ en sus neuronas sensoriales periféricas”

“Un aspecto clave de este trabajo es que hemos demostrado que una disfunción somatosensorial táctil contribuye a anomalías de comportamiento, algo que no se ha visto antes –afirma Ginty–. En este caso, este déficit es la ansiedad y los problemas con las interacciones sociales”. Sin embargo, no está claro cómo los trastornos con el procesamiento del sentido del taco llevan a la ansiedad y las dificultades sociales.

“En base a nuestros resultados, creemos que estos ratones con mutaciones genéticas asociadas con TEA tienen un defecto importante en el ‘control del volumen’ en sus neuronas sensoriales periféricas”, resalta la primera autora, Lauren Orefice, investigadora postdoctoral en el laboratorio de Ginty. En esencia, dice, el volumen está encendido todo el camino en estas neuronas, lo que lleva a que los animales a sentir el tacto a un mayor nivel exagerado.

“Creemos que funciona de la misma manera en los seres humanos con TEA”, plantea Ginty. Los investigadores ahora están buscando enfoques que podrían llevar el ‘volumen’ de vuelta a los niveles normales en las neuronas sensoriales periféricas, incluyendo tanto enfoques genéticos y farmacéuticos.

Y Orefice añade: “El sentido del tacto es importante para mediar en nuestras interacciones con el medio ambiente y por la forma en que nos movemos por el mundo que nos rodea. Una sensación anormal de contacto es sólo un aspecto del TEA y aunque no afirmamos esto explique todas las patologías observadas en las personas, defectos en el procesamiento táctil pueden ayudar a explicar algunos de los comportamientos observados en los pacientes con TEA”.

 

Vía: http://www.publico.es/ciencias/autismo-no-trastorno-del-cerebro.html

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