Fonética y fonología

Fonética y fonología son dos disciplinas muy ligadas, pues su objeto de estudio son los sonidos asociados al lenguaje: cómo son, cómo los producimos, cómo evolucionan, cómo se combinan, qué sistemas forman y un largo etcétera.

Pero antes de comenzar a revisar los apartados que hablan directamente de este tema es importante que le des una mirada al concepto de signo lingüístico, a los conceptos de fonema, alófono y grafema, y a la clasificación articulatoria de los sonidos del lenguaje, pues será clave para luego entender lo demás.

1. El signo lingüístico

La lengua es básicamente un sistema de signos, es decir, un sistema de elementos que representan otros elementos. Para comunicarnos utilizamos signos que han sido acordados previamente, pero que en realidad no tienen razón de ser. Me explico: estamos todos de acuerdo en llamar “billetera” al objeto donde guardamos billetes y otras cosas por el estilo, pero no hay ninguna característica del objeto mismo que nos obligue a llamarla así. De la misma forma no hay ninguna señal en la palabra “billetera” que nos hable de su forma, uso, características, etc. Simplemente estamos todos de acuerdo.

Por eso decimos que la gran mayoría de los signos del lenguaje (signos lingüísticos) son arbitrarios (la billetera no tenía por qué llamarse billetera) y convencionales (en castellano estamos todos de acuerdo en llamarle así). Si bien la gran mayoría de los signos lingüísticos son arbitrarios hay algunos parcialmente motivados, como la palabra “miau” para los gatos y muchas parecidas a esta.

Signo lingüístico.

Hablemos ahora del signo lingüístico, el signo lingüístico es definido por Ferdinand de Saussure como “la unión entre un concepto y una imagen acústica”, es decir, la unión entre un significado (concepto) y un significante (representación mental de un sonido dado).

Silla, por ejemplo, es un signo lingüístico formado por un significante (/’sida/), que corresponde a la suma de todos los sonidos que componen la palabra, y un significado, que corresponde a la imagen o representación mental que tenemos de aquello que es una silla, al concepto.

2. Fonemas, alófonos y grafemas

¿Y qué hay con los sonidos del lenguaje?, puedes preguntarte. Pues bien, todo aquí tiene su razón de ser y su explicación.

Todas las lenguas humanas conocidas hasta el momento (sólo el Homo Sapiens ha desarrollado esta gran capacidad) se articulan sobre la base de dos niveles: un primer nivel donde los elementos se agrupan para formar significados, por ejemplo, palabras que se juntan para formar este texto (perdonen lo simplista, queridos lingüistas) y un segundo nivel de elementos sin significado que se organizan entre sí para formar e-s-t-a-s p-a-l-a-b-r-a-s: los famosos fonemas.

Los fonemas son una representación mental de los sonidos de cada lengua. No existen como un hecho físico medible, sino como abstracciones. Lo que producimos con nuestro aparato fonatorio en realidad son alófonos, que son manifestaciones concretas de los fonemas. Un fonema dado puede tener varias maneras de ser realizado. Esto explica por qué cuando pronunciamos de manera rápida y junta “un peso” (hazlo en voz alta) entendamos que lo que viene luego de la “u” es el fonema /n/ en circunstancias de que pronunciamos el alófono [m].

Para representar los fonemas se utilizan barras oblícuas, como en /dado/, y para representar los alófonos se utilizan paréntesis de corchete, como en [dað̞o].

Sigamos. Los fonemas en castellano son 22, incluyendo fonemas consonánticos y vocálicos. Estos fonemas, que no significan nada, se combinan para formar unidades con significado. Si te fijas, a través de un número finito de elementos se puede construir un número virtualmente infinito de combinaciones, que es una de las razones de por qué es tan productivo el lenguaje y no limitado. Para lograr esto, se hace uso del contraste entre fonemas.

A estas alturas te podrá llamar la atención que nuestro alfabeto, en lugar de 22, tenga 27 signos para representar por escrito nuestra lengua. Pues bien, ya es hora de que sepas que nuestro alfabeto no fue hecho con un criterio 100% fonológico, sino que hay muchas otras variables por detrás: históricas, políticas, de tradición, etc. Dicho en otras palabras, nuestro alfabeto no representa fielmente el repertorio de representaciones mentales de sonidos que son suficientes para hacer todos los contrastes que utilizamos en castellano. Es inexacto. Algunos ejemplos: ¿para qué queremos la “h” si no suena? ¿Para qué tener tres letras, “c”, “q” y “k”, para representar en ocasiones el mismo sonido (“casa”, “kilo”, “queso”)? En fin.

Para representar de mejor manera los sonidos del lenguaje, los lingüistas han desarrollado alfabetos especiales. Estos alfabetos contienen signos gráficos (“letritas”, si se quiere) que representan cada uno de los sonidos posibles de articular con nuestro aparato fonatorio. También debes pensar que se incluyen en estos alfabetos los acentos, tonos, y una enormidad de otras variantes. En este Manual utilizamos el Alfabeto Fonético Internacional (AFI).

Para efectos de comodidad, sin embargo, hacemos una mezcla bastante inexacta entre alfabeto y AFI, para que se puedan comprender los conceptos que queremos ilustrar sin alargarnos demasiado en “detalles” más bien técnicos.

Para terminar esto de fonemas y alófonos. Vamos con unos buenos ejemplos (tienes que intentar sacarte el alfabeto de la cabeza para comprender esto, y concentrarte más bien en los sonidos del lenguaje).

Imagina en tu cabeza la clásica palabra “tarro”, y luego la palabra “sarro”. ¿Qué diferencia a estas dos palabras? ¡Vamos! ¡Piénsalo! No mires lo que sigue hasta que tengas la respuesta…

Lo que las diferencia es sólo el sonido inicial. En uno tenemos /t/ y en otro /s/. Lo que me permite diferenciar “tarro” de “sarro” es el sonido inicial que tiene cada uno, pues contrastan, los percibimos como diferentes. Esto ocurre porque ambos son fonemas del castellano, y su función es precisamente hacer estos contrastes que nos permitan construir y diferenciar las palabras una de la otra.

Tenemos ahora la palabra “cholga”. Imagina a un locutor de radio diciendo “cholga” y luego (si has tenido la experiencia) a un vendedor de cholgas, en alguna feria de por ahí. ¿Se te ocurre alguna diferencia? Una es más breve, como una explosión, con la lengua más bien tensa, y la otra, la del vendedor, es más relajada, más larga y puede extenderse. Usualmente, para dar cuenta de esta diferencia a través del alfabeto se escribe “cholga” – [tʃolɣ̞a] versus “sholga” – [ʃolɣ̞a]. Pues bien. En ambos casos, sin duda alguna, sabemos que se está hablando del famoso molusco bivalvo marino comestible, de la misma familia que el mejillón, pero de mayor tamaño, abundante en la zona del canal de Beagle y del estrecho de Magallanes. ¿Por qué entendemos el mismo significado en ambos casos si se pronunció algo distinto? Porque “ch” – [tʃ] y “sh” – [ʃ] son distintas manifestaciones concretas (¡Alófonos!) de un mismo fonema /tʃ/. Si los contrastamos (“cholga” versus “sholga”) no producen diferencias de palabras. Con esto confirmamos que todo fonema tiene formas concretas de ser realizado, a través de los alófonos.

Sigamos. ¿Qué sucede si pronuncias en tu cabeza la palabra “chaya” y luego “raya”? ¿Cuál es la diferencia? Si te fijas, hay diferencia sólo en el sonido inicial de ambas palabras.

El sonido inicial en estas palabras produce una diferencia de significado (significan cosas distintas), por lo tanto estamos en presencia de fonemas. No importará si decimos [tʃaʝ̞a] o [ʃaʝ̞a], la palabra igualmente será distinta de “raya”. Ambos sonidos concretos [tʃ] y [ʃ] son alófonos pertenecientes al fonema /tʃ/, que se opone al fonema /r/, de “raya”. Los fonemas sólo se oponen con fonemas, pero recuerda que los fonemas no necesariamente tienen una sola forma de articularse.

Vamos ahora con el concepto de grafema.

Grafema es la “unidad mínima e indivisible de un sistema de representación gráfica de la lengua” (Fontanillo, 1986: 133). Nuevamente, dicho en otras palabras, es cada uno de los signos gráficos que se usan representar sonidos (letritas).

Este párrafo lo escribo usando grafemas. Para transcribir alófonos y fonemas, por otra parte, también usamos un sistema especial de grafemas o letras, específicamente las del Alfabeto Fonético Internacional, que es bastante conocido y suficientemente útil para nuestros propósitos aquí (aunque no es el único usado por los lingüistas). Si quieres bajar este alfabeto (se baja como una fuente en tu computador) visita el sitio web de la “International Phonetic Association (IPA)“.

3. Clasificación articulatoria de los sonidos del lenguaje

Uno de los problemas con que se encontraron los lingüistas en sus estudios fue que necesitaban clasificar yrepresentar los sonidos del lenguaje de una manera fiel, que no diera lugar a dudas o equívocos en sus descripciones de lenguas.

Se dieron cuenta al cabo de un tiempo que todos los sonidos del lenguaje utilizados por el hombre pueden ser clasificados usando un número no muy grande de variables (rasgos), que se encuentran presentes (por presencia o ausencia) en los fonemas y alófonos.

Cuatro son los rasgos principales para el castellano y, en general, para el resto de los idiomas “occidentales”, a saber, acción de las cuerdas vocales, acción del velo del paladar, modo de articulación y zona de articulación.

a) Acción de las cuerdas vocales

Si en la producción de un sonido encontramos vibración de las cuerdas vocales, los sonidos reciben el nombre de “sonidos articulatorios sonoros“.

Para detectar si hay o no vibración de las cuerdas vocales mientras hablas, simplemente puedes tocar tu garganta mientras pronuncias, por ejemplo, el sonido “m” y luego “s”. ¿Notas el contraste?

Entre los sonidos que utilizan la vibración de las cuerdas vocales se cuentan todas las vocales (¡Pero claro!) y muchas de las consonantes, como /b, d, g, l, m, n/, entre otras. Si, en cambio, no se produce vibración, el sonido recibe el nombre de “sonido articulatorio áfono“, como /p, t, k, s, f/, etc.

b) Por la acción del velo del paladar

Según este criterio, los sonidos se pueden enmarcar como orales o nasales. Los orales se producen cuando el conducto nasal está cerrado y el aire es expulsado sólo por la cavidad bucal, como en /a, u, o, p, g, b/, etc. Los sonidos nasales se generan cuando el conducto nasal se encuentra abierto debido a que el velo del paladar se posiciona separado o distante de la pared faríngea (fondo de la garganta, un poco arriba y detrás de la campanita). Ejemplos de sonidos nasales son /m/ y /n/.

Existen dos maneras para que un sonido nasal ocurra. La primera ocurre si en algún lugar de la boca se detiene totalmente el aire y al mismo tiempo el paladar se mantiene abierto, como en el caso de /m, n, ɲ/. La segunda manera ocurre cuando el conducto nasal y la boca están abiertos, produciéndose así un sonido oronasal, ya que el aire se expulsa por ambos conductos a la vez. En castellano tenemos pocos sonidos como estos, y son alofónicos (no fonemas). Más que nada en vocales que se contaminan un poco con sonidos nasales que están cerca de ellas.

c) Por el modo de articulación

Se basa en el grado de abertura bucal, que produce modificaciones en la corriente del aire durante la articulación de sonidos. A través de este criterio, los sonidos se pueden clasificar en:

Las vocales, que se originan cuando la cavidad bucal está completamente abierta y el aire pasa libre y sin interrupción. Se clasifican en anteriores (/i/, /e/), centrales (/a/) y posteriores (/o/, /u/), dependiendo del lugar donde se sitúe la lengua. Y se clasifican también como abiertas (/e/, /a/, /o/) o cerradas (/i/, /u/), dependiendo de cuán abiertos estén los labios en su articulación.

Las consonantes, que se producen cuando la salida del aire se dificulta en algún sector de la cavidad bucal. Clasificadas a su vez en:

  • Oclusivas: se generan cuando ocurre un cierre total de los órganos articulatorios, y luego una abertura violenta, como en una explosión. Ejemplos de consonantes oclusivas son /p, t, k, b, d, g/.
  • Fricativas: el sonido se produce mediante una estrechez producida en los órganos articulatorios, sin que éstos lleguen a juntarse. El aire pasa a través de los órganos que se acercan, provocando un sonido, como en /f/ y /s/.
  • Africadas: el cierre completo de los órganos articulatorios es seguido por una pequeña apertura que permite el deslizamiento del aire que estuvo contenido instante de cierre completo hacia el exterior (fricación). Las consonantes africadas constan de dos momentos: el primero de oclusión, y el segundo de fricación, pero con la particularidad de que ambos deben estar situados en el mismo lugar articulatorio. A modo de ejemplo de consonantes africadas: las dos de “chicha” (/tʃ/).
  • Aproximantes: en estas consonantes los órganos articulatorios se acercan un poco, pero no lo suficiente como para que se produzca un ruido de fricción, como en las fricativas. En el castellano chileno, /b/, /d/ y /g/ se pronuncian como aproximantes entre vocales (como en “hada”, “haga” o “haba”). El fonema /ʝ̞/ también es aproximante.
  • Nasales: se origina cuando la cavidad bucal se encuentra cerrada y la cavidad nasal abierta, como en /m/, /n/ y /ɲ/.
  • Líquidas: se clasifican en dos grupos, por una parte están las laterales, que se caracterizan porque la salida del aire se realiza por uno o ambos costados de la cavidad bucal, como en /l/, y por otra están las vibrantes, como en /ɾ/ (vibrante simple) y /r/ (vibrante múltiple), cuya principal característica es la producción de una o más vibraciones que genera la punta de la lengua (ápice) contra la parte de la encía interior que está justo arriba de los dientes superiores (alveolos).

d) Por el lugar o zona de articulación

Según el lugar donde se pongan en contacto los órganos articulatorios. Los sonidos vocálicos se pueden clasificar en:

  • Anteriores: /i/, /e/
  • Centrales: /a/
  • Posteriores: /o/, /u/

Y los sonidos consonánticos (del castellano) se pueden clasificar en:

  • Bilabiales: /p/, /b/, /m/
  • Labiodentales: /f/
  • Postdentales: /t/, /d/
  • Apicoalveolares: /n/, /l/, /ɾ/, /r/
  • Predorsoalveolares: /s/
  • Alveolopalatales: /tʃ/
  • Mediopalatales: /ʝ̞/, /ɲ/
  • Velares: /k/, /g/, /x/

4. Fonética

La fonética constituye una rama de la lingüística que se dedica a estudiar la parte material de los sonidos de una lengua a partir de cómo son emitidos, cuáles son sus características acústicas y cómo son percibidos. En otras palabras, es el estudio de los sonidos del lenguaje o alófonos.

Como la comunicación humana requiere de por lo menos dos individuos para funcionar (emisor y receptor), la fonética se hace cargo de dos aspectos principales:

a) Un aspecto acústico, preocupado del estudio de la disposición o estructura de los sonidos del lenguaje (onda sonora), y el modo de la reacción del oído ante esos mismos sonidos.

b) Un aspecto articulatorio o fisiológico, que se ocupa del comportamiento del aparato fonatorio y de cómo éste influye e interviene en la producción de los sonidos de nuestro lenguaje.

Es importante señalar que la producción de sonidos no sería posible si no está presente la inteligencia. La fonética debe ocuparse también, por tanto, de los procesos mentales que se hacen necesarios para el total dominio de un lenguaje organizado, en cuanto incluye un sistema fonético.

4.1. División de la fonética

La fonética puede dividirse en diversas ramas, entre las que podemos mencionar:

  • Fonética descriptiva o sincrónica, que se ocupa de describir un momento (estado) por el que atraviesa la lengua.
  • Fonética evolutiva o histórica. También llamada fonética diacrónica, tiene como función explicar los cambios experimentados por una lengua en el curso de sus sucesivos momentos o estados.
  • Fonética auditiva. Estudia la manera como es percibido el sonido por el hombre.
  • Fonética psicológica. Se ocupa del modo como se comporta el oyente frente a ciertos estímulos acústicos que se relacionan con el uso del lenguaje.
  • Fonética experimental. Es aquella que observa desde el punto de vista físico los sonidos de nuestro lenguaje.
  • Fonética normativa u Ortoepía. Es el conjunto de reglas o normas válidas dentro de un grupo lingüístico que determinan una buena o aceptable pronunciación.
  • Fonética articulatoria o fisiológica. Se dedica a estudiar los sonidos desde el punto de vista fisiológico, es decir, describe el comportamiento de los órganos articulatorios que intervienen en la producción de los sonidos de la lengua, la posición en la que se encuentran estos órganos de fonación y la influencia de esta posición en la variación de los distintos rumbos que toma el aire al salir o ser expulsado por la boca, nariz u otro órgano como la garganta, permitiendo así la generación de los distintos sonidos.
  • Fonética acústica. A grandes rasgos, se puede definir como el “estudio de la onda sonora”.

5. Fonología

La fonología se encarga de analizar los elementos fónicos del lenguaje desde el punto de vista de la función que cumplen en el sistema lingüístico. A diferencia de la fonética, la fonología ve en los sonidos unidades discretas o segmentos (fonemas).

El análisis fonológico distingue dos tipos de elementos:

  • Segmentos, como por ejemplo los fonemas y los rasgos distintivos (que definiremos un poquito más adelante).
  • Suprasegmentos, como la entonación, el ritmo el tono, el acento, entre otros.

5.1. División de la fonología

La fonología, al igual que la fonética, esta sujeta a una división según su centro de estudio o importancia. Así, se puede clasificar en:

  • Fonología sincrónica, que se basa en el análisis del sistema fonológico de un determinado momento de la lengua.
  • Fonología diacrónica, que estudia los cambios fonológicos, la transformación de un estado a otro de la lengua a través del tiempo.
  • Fonología general, cuyo fin consiste en elaborar leyes que rijan el sistema fonológico de una lengua determinada.
  • Fonología contrastiva, que contrapone el sistema fonológico de dos o más lenguas, estableciendo así sus principales semejanzas y diferencias.

5.2. Algunos conceptos imperdibles

El fonema

Se puede definir al fonema como “la unidad mínima distintiva”, es decir, la unidad lingüística más pequeña. No posee un significado por sí mismo, pero sí tienen la capacidad de diferenciar el significado de las palabras a las que componen.

Existen dos maneras comunes de corroborar el valor distintivo de un fonema:

a) Sustitución

  • /b/ me permite distinguir /’beso/ de /’peso/
  • /e/ me permite distinguir /’beso/ de /’baso/

b) Eliminación

  • El fonema /b/ distingue /’beso/ de /’eso/.
  • El fonema /s/ distingue /’beso/ de /’beo/.
  • El fonema /o/ distingue /’beso/ de /’bes/

Rasgo distintivo

Se denomina rasgo distintivo a cada una de las características fonéticas de las que se compone un fonema y que son capaces de cambiar uno de ellos por otro, por consiguiente, son capaces de cambiar el sentido completo de una palabra. Por ejemplo:

/p/ /b/
Bilabial Bilabial
Oclusivo Oclusivo
Oral Oral
Áfono Rasgo distintivo Sonoro

Estos son los rasgos de estos fonemas:

  • Bilabial: que se articula (pronuncia) juntando ambos labios.
  • Oclusivo: que se articula con una suerte de explosión de aire contenido.
  • Oral: que durante su articulación el velo del paladar está cerrado (en las nasales como “n” está abierto).
  • Áfono: que se articula sin usar las cuerdas vocales.
  • Sonoro: que se articula usando las cuerdas vocales.

Los rasgos distintivos permiten diferenciar un fonema de otro y no necesariamente debe haber uno entre dos fonemas, como encontrábamos entre /p/ y /b/.

Rasgos redundantes

Los rasgos redundantes no hacen la diferencia entre dos fonemas, como por ejemplo en la oposición /b/ y /p/, los rasgos comunes (modo y zona de articulación, acción del velo del paladar) son los que establecen el conjunto de rasgos redundantes. Por ejemplo:

/p/ /b/
Bilabial Rasgo redundante Bilabial
Oclusivo Rasgo redundante Oclusivo
Oral Rasgo redundante Oral
Áfono Rasgo distintivo Sonoro

Alófono

El fonema es algo distinto del sonido concreto del habla. Los sonidos concretos poseen propiedades que otros rasgos no presentan. Un mismo fonema puede ser realizado de diferentes formas (se refiere a que se realizan sonidos distintos), siempre y cuando posea los mismos rasgos distintivos (en castellano, [tʃ] y [ʃ] tienen sólo rasgos redundantes, no distintivos). El alófono es, a fin de cuentas, la variación fonética de un fonema ([tʃ] y [ʃ] son variaciones fonéticas del fonema /tʃ/, que está al comienzo de la palabra “cholga”).

Contexto

A modo de versito (me lo aprendí de memoria alguna vez), diremos que el contexto es el conjunto de unidades que preceden y suceden de modo inmediato a una unidad fónica de la misma naturaleza, y que con su presencia condicionan la forma y la función de dicha unidad. Dicho de otra manera, el contexto corresponde a la ubicación que toma una unidad fonética. No hay sólo un contexto, sino que existe un conjunto de ellos en los que una unidad puede aparecer. A esta serie de contextos en los que un fonema puede estar presente se da el nombre de distribución. Así como hay una diversidad de contextos, también una clasificación para la distribución (los ejemplos valen sólo para el castellano):

a) Distribución complementaria: Se puede definir como la “relación existente entre dos o más unidades fonéticas que no poseen contexto en común”. Esto quiere decir que ninguna de las unidades fonéticas aparece exactamente en el mismo lugar o posición que la otra. Siempre pertenecen al mismo fonema dos alófonos en que están en distribución complementaria. Por ejemplo:

[d] –> dato (consonante tensa, con contacto)
/d/
[ð̞] –> ada (consonante relajada, sin contacto)

Para el fonema /d/ encontramos los alófonos [d] y [ð̞]. El primero de estos alófonos lo podemos encontrar en posición inicial absoluta, después de consonantes nasales y después de /l/, pero nunca entre vocales o luego de otra consonante. El segundo alófono [ð̞] lo encontramos entre vocales y luego de cualquier consonante que no sea nasal o /l/, y nunca en posición inicial absoluta.

b) Distribución contrastante o equivalente: Existe cuando dos o más unidades fónicas aparecen en la misma clase de contexto. Por ejemplo, /e/ y /o/ pueden encontrarse al principio de una palabra (ello – olla), en el interior de la palabra (beca – boca), y por último, al final de la palabra (esto – este).

Si dos sonidos son diferentes, parcial o totalmente opuestos, estamos frente a la existencia de un par mínimo, que consiste, básicamente, en cambiar un sonido por otro dentro de un enunciado. Ejemplo: /t/ y /d/ en /’toro/ y /’doro/, respectivamente. El recurrir al par mínimo es lo más conveniente para saber si estamos ante la presencia de distribución contrastante, y de ser así, lo que se puede concluir a partir de esto es que existen dos fonemas diferentes. Si dos alófonos en un mismo contexto causan diferencia de significado, estamos en presencia de fonemas diferentes.

La distribución contrastante está sujeta a una subdivisión, en la que podemos encontrar:

  • Distribución contrastante parcial, que puede manifestarse a través de una relación de intersección o de inclusión. La relación de intersección ocurre cuando dos sonidos presentan contextos comunes y contextos en los que uno aparece y no el otro, y viceversa, por ejemplo /’pacto/ y /’paɾto/ comparten todos los contextos, salvo el inicial de palabra, donde /ɾ/ vibrante simple no puede ir. La relación de inclusión se manifiesta cuando un sonido aparece en todos los contextos en que aparece otro sonido, y además, posiciones en las que el otro no puede aparecer.
  • Distribución contrastante total, donde dos sonidos comparten todos los contextos.

c) Variación libre: Ocurre cuando dos o más unidades fonéticas totalmente diferentes aparecen en el mismo contexto sin alterar el sentido de la palabra. Por lo general, se debe a razones de tipo extralingüístico, como el nivel sociocultural, la región de la cual provengan los hablantes, la edad, el sexo, la situación de elocución, etc. Por ejemplo, [tʃ] y [ʃ], en el castellano de Chile.

Existe una gran similitud entre la distribución contrastante y la variación libre, ya que se debe atravesar por contextos iguales para poder corroborar su existencia, sin embargo, hay una diferencia crucial: la distribución contrastante se basa en dos fonemas, mientras que la variación libre trabaja con alófonos del mismo fonema (¡Wow!).

Neutralización

Determinadas oposiciones o contrastes de fonemas pueden perder la función distintiva cuando se ubican en algunos contextos. La neutralización, entonces, puede definirse como la pérdida de la función diferenciadora de una oposición de fonemas al interior de un determinado contexto fónico.

/m/, /n/ y /ɲ/ se oponen en posición inicial de sílaba:

mata [‘mata]
nata [‘nata]
ñata [‘ɲata]

Sin embargo, esa oposición se neutraliza cuando se ubica en posición final de sílaba, donde para pronunciar el fonema /n/ se puede usar la forma [m], [n] y [ŋ], dependiendo de lo que exija el contexto y sin que nos demos cuenta siquiera que a veces no pronunciamos una /n/ con todas las de la ley.

“Un paso” [um’paso] Bilabial
“Un dato” [un̪’dato] Postdental
“Un kaso” [uŋ’kaso] Velar

Archifonema

El fenómeno del archifonema va de la mano del proceso de neutralización. Cuando se produce la neutralización de dos fonemas, la función diferenciadora de la oposición que se establece entre los fonemas queda como parte del conjunto de rasgos distintivos que tienen en común (¿se entendió?). En otras palabras, para representar un conjunto de fonemas que pierden a través de la neutralización el rasgo que los diferencia, se escoge algún otro rasgo que los congregue, usualmente el que haga referencia al modo de articulación (oclusividad, fricatividad, nasalidad, etc.). A este conjunto de rasgos distintivos lo llamamosarchifonema, y funciona como un fonema sintético que es válido para todos los sonidos nasales (N) en este caso. Por ejemplo: /uN’paso/ vs. /uN’kaso/.

La neutralización no sólo ocurre con las consonantes nasales, sino también con las vibrantes simple y múltiple cuando se ubican al final de la sílaba. Representaremos el archifonema con el grafema “R”. Por ejemplo: /’mueRte/ vs. /ko’meR/.

Si te fijas, puedes decir “muerte” con cualquiera de las dos “eres” (la corta, como en “pero” o la larga de “perro”), no importa la diferencia (hay neutralización), de manera que se puede representar este conjunto de rasgos como un conjunto, un archifonema.

En términos, generales el archifonema tiene lugar también en las sílabas que terminan con consonante (trabadas) y en las oclusivas finales de sílaba. Este archifonema también se representa con una letra mayúscula.

Fíjate en los siguientes pares de ejemplos:

Archifonema Palabra 1 Transcripción Palabra 2 Transcripción
/B/ Cápsula /’kaBsula/ Absoluto /aBso’luto/
/D/ Ritmo /’riDmo/ Adyacente /aDʝ̞a’sente/
/G/ Agnóstico /aG’nostiko/ Técnico /’teGniko/

En las posiciones que te muestran los ejemplos, puedes usar indistintamente los pares de fonemas, y se te entenderá igual. Inténtalo: da lo mismo di dices “cápsula” o “cábsula”. Se comprende igual. O “absoluto” versus “apsoluto”. Una vez más hay una neutralización y archifonemas.

Ahora bien, es muy importante comprender que, tal como lo es la neutralización, este es un asunto que está dentro de las problemáticas fonológicas. Producto de ciertos fenómenos fonético-articulatorios se ve afectado el sistema fonológico.

Regla de combinación de fonemas

La posición de los fonemas dentro de una palabra no es al lote, sino que todos aplicamos intuitivamentereglas, que conocemos por el simple hecho de ser hablantes nativos del español. Un ejemplo de estas reglas es la disposición del fonema /n/, que no puede estar seguido de otra consonante si se ubica al inicio de la palabra (no encontramos en español algo como “nga-llo”); sin embargo, si se ubica al final de sílaba, inmediatamente lo sucede una consonante (como en “an-tes”; si no estuviera la consonante, sería “a-nes”). Otro ejemplo es lo que ocurre con el fonema consonántico /t/, que puede estar seguido de un fonema líquido como /l/ y /ɾ/ (“atlas”, “atrás”). Pero no sólo /t/ puede estar sucedido de estos fonemas, sino también /d/, /b/, /p/, /g/, /k/ y /f/ (“odre”, “pobre”, “aplicar”, “sangre”, “choclo” y “fruta”, por dar algunos ejemplos).

Con respecto a las vocales, aparecen en cualquier lugar de la palabra, debido a que por sí solas pueden constituir una sílaba.

Otras reglas:

  • Al principio de palabra puede aparecer cualquier fonema consonántico, menos /ɾ/ (la de “pero”). En esta posición se admiten además grupos consonánticos, siempre y cuando el primer componente sea una oclusiva (/p/, /t/, /k/, /b/, /d/, /g/) o /f/, y el segundo sea un fonema líquido (/ɾ/, /l/).
  • Al final de una palabra puede ir cualquier fonema, a excepción de /ɲ/, /g/, /k/, /f/, /ɾ/ (vibrante simple, la de “pero”) y /b/. Hay fonemas consonánticos cuyo uso al final de sílaba es bastante poco común, como el caso de /x/ (de “Joel”), /m/ y /p/, que se utiliza la mayoría de las veces en palabras que han llegado del extranjero al español.

 

Vía: http://hablablah.habla.cl/03.10/

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