EL Juego del Silencio (2)

Actualmente vivimos en un mundo en el que el ruido es el protagonista. Tanto en la calle, en los locales comerciales, como en nuestro hogar, es habitual que haya diversas fuentes de ruido y nos vemos obligados a tratar de focalizar nuestra atención a lo que más nos interese en cada momento. Es muy habitual ver a los adolescentes realizando sus deberes con la televisión de fondo, el móvil a un lado y la pantalla del ordenador delante, oscilando rápidamente de un estímulo a otro. Pasan los días, las semanas y los meses, sin que probablemente hayan disfrutado de unos minutos de silencio, de paz, ya que muchos de ellos incluso se van a la cama y se quedan dormidos con la televisión puesta, la radio o la pantalla del ordenador encendida.

El  ruido nos perjudica más de lo que pueda parecer. Los niños (y también los adultos) expuestos a él constantemente, tienen tendencia a ser más irritables, más inquietos y agresivos. Además, por lo general, tienen menos capacidad de concentración y un menor rendimiento desempeñando tareas.

Los niños de hoy son nativos digitales, por lo que están acostumbrados a atender a diferentes estímulos al mismo tiempo y a recibir y procesar una gran cantidad de información. Se dice que actualmente producimos en dos días la misma cantidad de información que antes requería unos 5000 años. Por eso, más que nunca, debemos enseñar a los más pequeños, detener la avalancha de estímulos a la que están expuestos y disfrutar de la quietud y la calma de vez en cuando.

El silencio es una parte fundamental del proceso de aprendizaje, necesario para la consolidación de contenidos y la reflexión. Cada vez son más los modelos de enseñanza que valoran el silencio como una valiosa herramienta tanto para la enseñanza cognitiva como para el desarrollo integral del alumno. Éste le ayuda a conocerse, a valorarse y a tomar decisiones. En él conectamos con nosotros mismos, nacen unas preguntas y se da respuesta a otras. El silencio tranquiliza el cuerpo, la mente y el espíritu, es una herramienta al alcance de todos, sanadora y pacificadora.

Ayudar a los niños a descubrir la belleza que hay en el silencio es un gran regalo de valor incalculable. El juego del silencio contribuye a que los niños aprendan a relajarse, a respirar, a tomar conciencia de sí mismos y también de la cantidad de sonidos que hay a su alrededor, muchos de los cuales ya pasan desapercibidos.El juego del silencio “original” fue ideado por María Montessori, y a día de hoy cuenta con múltiples variantes.

EL JUEGO DEL SILENCIO

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  • Material: Si tienes colchonetas o mantas para tumbar a los pequeños en el aula (o en el exterior, si el tiempo acompaña🙂, perfecto, sino puedes pedirle a los niños que se sienten en sus pupitres recostando la cabeza sobre la mesa, o bien sobre sus cojines, con las piernas cruzadas.
  • Procedimiento: Dispondremos a los pequeños hacia una actitud de silencio y ausencia de ruido. Es el momento de ir al baño si alguno lo necesita y colocarnos en una posición que nos permita no movernos durante un par de minutos. Bajaremos nuestro tono de voz y favorecemos un clima pausado y relajado. Les pediremos que cierren los ojos, se relajen y guarden silencio durante el tiempo que dure la actividad. Podemos pedirles que estén atentos a ver qué sonidos rompen el silencio tanto en el exterior, como dentro de nosotros. Después, la maestra se sentará en su lugar y dará la señal de comienzo del juego: Puede ser tarareando una canción que invite al silencio (se puede utilizar esta con la letra cambiada, la tarareas dos veces, cada vez más bajito), o un sonido específico como una palmada o una campanada.
  • Para finalizar el ejercicio existen diferentes variantes: Desde llamar a los niños de uno a uno (comenzando por los que más dificultades tengan para permanecer inmóviles) y pedirles que se dirijan a otra zona de juego donde se encuentre otra educadora, como el patio o la sala de usos múltiples; o bien hacer sonar de nuevo la campana; o pedirles simplemente que abran los ojos despacito a todos a la vez.
  • Evaluación: Esta se hará, principalmente con nuestra observación durante el transcurso de la actividad. Al finalizar podemos hacer una pequeña asamblea y preguntarles a los niños cómo se han sentido, qué sonidos han escuchado, etc. También podemos sugerirles que presten atención a su respiración, para ver qué sonido produce. Esta actividad generalmente da muy buenos resultados si se introduce como parte de la rutina del aula, dedicándole unos minutos cada día o, al menos, cada semana.

Vía: http://maestradecorazon.com/autoconocimiento-el-juego-del-silencio/

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